CINCUENTA HERMANAS, SEIS COMUNIDADES Y UN MISMO CORAZÓN. LA ALEGRIA DE SENTIRNOS FAMILIA.
Hay encuentros que alimentan el cuerpo, alegran el corazón y renuevan los lazos que nos unen, porque nos encontramos para celebrar la fraternidad y la alegría de compartir.
Así vivimos el sábado 24 de octubre nuestro tradicional MAGOSTO, una entrañable tradición otoñal berciana en torno a las castañas y a la mesa compartida, que reunió en San Lorenzo de El Escorial a 50 religiosas de siete comunidades.
Nos encontramos con la ilusión de quienes saben que estar juntas es un regalo. Desde el primer momento, el ambiente se llenó de entusiasmo, cercanía, sonrisas y ese calor humano que nace cuando nos sentimos hermanas, más allá de la comunidad a la que cada una pertenece.
Después de la acogida inicial, pusimos nuestro encuentro en manos del Señor, con el rezo de Vísperas en la capilla. La oración compartida nos reunió en una misma fe y dio profundidad a la alegría de encontrarnos. Visitamos las nuevas aulas de infantil, un precioso espacio para comenzar la andadura concepcionista; recorrimos patios y estancias hasta la hora de llegar al comedor. Éste se convirtió en escenario de fiesta y fraternidad. En torno a la mesa, compartimos la comida, las conversaciones y las risas. Y, como la alegría también se expresa con el cuerpo y con la voz, no faltaron los bailes, las canciones folklóricas y esos momentos espontáneos que despiertan recuerdos, contagian entusiasmo y nos hacen sentir el gozo de la vida compartida.
O MAGOSTO fue mucho más que una celebración gastronómica. Fue una oportunidad para estrechar vínculos, encontrarnos desde la sencillez y celebrar la riqueza de ser familia concepcionista. La fraternidad se construye también así: alrededor de una mesa, al compás de una canción, en una sonrisa compartida y en la alegría de sabernos parte de una misma misión.
Nos queda el eco de las canciones, la alegría de los bailes y, sobre todo, la certeza de que estos espacios nos ayudan a seguir caminando juntas, fortaleciendo la comunión y renovando la ilusión de nuestra vocación.
Gracias a la Comunidad de El Escorial. Su acogida convirtió el encuentro en fiesta. Y a todas, por hacer posible esta tarde tan especial.

















