Vinieron de cerca y de lejos: olivos, vides, campos de amapolas y pequeñas gotas de lluvia adornando el parabrisas… Ya en el autobús de Princesa, abrazos y reencuentro con las hermanas, recuerdos para las más jóvenes de sus antiguas comunidades en España, alborozo y, por fin estamos todas, (44 religiosa) y, cada una en su sitio. Se puede comenzar el viaje.
DESTINO: VALLADOLID
Rosa Chao, había pensado en todo, el ambiente colabora y todo ayuda a la alabanza para rezar laudes. Es el primer sábado del mes de mayo (el día 2) y, aunque de manera muy discreta y sencilla, María se hace presente y nos acompaña.
Visita al Museo Nacional de Escultura de Valladolid
Nuestra primera parada nos llevó al Colegio de San Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura. En este recinto el arte se convierte en una extensión de la oración y la alabanza de las laudes. El recorrido por el arte de los distintos maestros del siglo de oro de la escultura española no fue solo una lección de historia del arte, sino un ejercicio de contemplación: cada gesto de las figuras, cada pliegue de las vestiduras, habla de una fe viva y logra transmitir la humanidad de lo divino.
Como una imagen habla más que 100 palabras, dejamos que esta parte sea completada con las fotografías que se realizaron gracias al servicio y la amabilidad de M. Margarita Frías.
Terminada la visita un “chaparrón” nos asusta y como hay un plan B pensado nos dirigimos al colegio de las Mercedarias, gracias a la amabilidad de nuestra hermana Inés Rojo que tiene en él una hermana religiosa.
Parece que tenemos hambre a pesar de todo lo compartido y las hermanas de Indonesia en un “visto y no visto” nos han preparado mesas y sillas. Sigue el compartir y, ya estamos preparadas para dar un paseo hasta el centro porque en otro “pis pas” el lugar ha quedado ordenado.
El café o el paseo por la orilla del río añaden otro momento muy agradable de encuentro.
En el Corazón de la Trapa: Oración y Sencillez
Desde Valladolid nos encaminamos hacia la Abadía Cisterciense de San Isidro de Dueñas, conocida cariñosamente como "La Trapa". Aquí, el ritmo del mundo se detuvo para dar paso al compás del Ora et Labora.
Ante la tumba del Hermano Rafael
Uno de los momentos más íntimos y conmovedores fue la oración ante la tumba de San Rafael Arnaiz Barón. En el silencio de su capilla, pedimos su intercesión para que, al igual que él, sepamos encontrar a Dios en lo cotidiano y en la aceptación alegre de Su Voluntad. Su vida, marcada por la humildad y el amor absoluto a la Cruz, resonó con fuerza en nuestros corazones de consagradas.
El Rezo de Vísperas
Nos unimos a la comunidad monástica para el rezo de Vísperas. El canto llano llenando la nave de la iglesia nos recordó la importancia de la alabanza comunitaria en nuestras comunidades. Fue un momento de comunión eclesial elevando una sola plegaria por las necesidades del mundo y de nuestras propias comunidades. Lástima que no pudimos estar hasta el final, pues así lo requería el conductor para cumplir su horario.
El Regreso: Fraternidad y Chocolate
Pero no se nos había olvidado el famoso chocolate. No quisimos que este viaje terminara solo en nosotras. Siguiendo la tradición de la hospitalidad trapense, pasamos por la tienda del monasterio para adquirirlo y llevarlo a las hermanas que habían quedado en casa.
Este detalle no es solo un dulce, sino un símbolo de nuestra fraternidad: un pedacito de la paz y el bienestar disfrutados en el viaje que llevamos con alegría a las hermanas que, por salud o por servicio, permanecieron en sus comunidades. Es nuestra forma de decirles que han estado presentes en la oración y la alabanza en cada paso de este camino.
Que la belleza contemplada y el silencio compartido en este viaje sigan dando frutos en nuestra vida cotidiana. Que, al contemplar aprendamos a amar.









