Existe un arte que no sale en los libros y que rompe con la lógica del mundo. Es el arte de saber despedirse: Elegir con sana libertad, el momento apropiado para dejar el lugar donde has sido feliz. Ese sitio donde pudiste ser todo lo que un día soñaste.
Fue Barcelona, desde el principio, un lugar para soñar. El lugar que vio nacer a M Carmen Sallés y en el cual soñó por primera vez con nuestra misión concepcionista. El lugar donde se educó y en el cual aprendió a educar; el lugar donde descubrió que Dios la llamaba a algo mayor. Pero también M. Carmen, tuvo que dejar su tierra natal y continuar con la certeza de que Dios la seguía llamando a una nueva misión.
El día 5 de junio de 2025, la Comunidad Religiosa de Barcelona y seguidamente la Comunidad Educativa, recibimos una noticia, que nunca hubiéramos querido oír: El próximo curso la misión en Barcelona estaría a cargo de la Fundación Católica Albada, llevaría la gestión el exalumno Jesús Vela de Marco, como director titular. Decisión muy dolorosa para todos, que daba respuesta a las peticiones de varios capítulos de revisar la presencia en nuestras obras y su sostenibilidad.

El ambiente comenzó a ser confuso, apenado, triste, afligido; emociones que no podían verbalizarse porque dolían en el corazón tantos años que parecían olvidarse; sensación de una vida que se extingue, impotencia e interrogantes. Las dificultades dieron paso a un estado de agradecimiento por no cerrar el colegio y poder continuar la misión en una institución católica.
Después de 85 años de presencia, providencia y bendición; de vida entregada… con el deseo de agradecer el paso por Barcelona de tantas hermanas y la misión realizada, celebramos una Eucaristía: Fue el 5 de septiembre, cuando reunidos en torno al altar, religiosas, profesores, alumnos, exalumnos, personal no docente, familias y amigos…todos los que de alguna manera se sienten familia concepcionista, acompañados por el nuevo Consejo Provincial de España; M. Benita Espadas, (anterior Superiora Provincial) y algunas religiosas que anteriormente estuvieron allí destinadas, valoramos tanta vida derramada desde el proyecto concepcionista.
Belén Gómez de Castro, dirigió este colegio durante seis años. Ahora como Superiora General, se hizo presente en la voz de M. Mercedes Romero del Pueyo, Superiora provincial, transmitiéndonos su mensaje alentador: “La historia que hoy recordamos está tejida con fidelidad, esfuerzo y amor. Son muchos los recuerdos que se entrelazan por los que damos gracias a Dios, pues ha sostenido durante más de medio siglo este sueño educativo”.
“El relevo que hoy se hace no es un final, sino una nueva etapa. Confiamos que la nueva entidad que toma en sus manos este colegio, sabrá cuidar con cariño lo que aquí se ha construido y seguirá manteniendo encendida la llama de la educación católica. La antorcha de la misión educativa cambia de manos, pero la llama permanece viva. Confiamos plenamente en que sabrán custodiar este legado y, con renovado impulso, seguirán haciendo del Centro un espacio donde se viva y se transmita la fe, donde la educación forme personas libres, solidarias y comprometidas y cada alumno descubra que es amado y llamado a dar lo mejor de sí mismo”.
Recibimos, con emoción, muchos testimonios agradecidos que demuestran cómo hemos educado evangelizando y cómo en el fondo, hemos amado nuestra misión; especial mención hacemos del mensaje emotivo de la familia Ruiz Calonge, todos exalumnos, quienes mostraron un corazón agradecido (y con un detalle para cada religiosa presente) por tanto recibido durante su etapa escolar en el colegio. Dios ha estado grande con nosotras. Después de la Eucaristía compartimos experiencias mientras degustamos un cuidado ágape.
El día 6 de septiembre, las religiosas que formaban la comunidad (MM. María Saiz, Montserrat Baquer, Teresa Buxó, Julia Álvarez, Carmen Hernández y Ángeles Cuesta ) guardando en el corazón lo que sólo sabrían expresar las llaves que entregamos, cerraban la comunidad de Barcelona.
En este año jubilar y en manos de la Virgen, seguimos caminando con esperanza y desde la certeza de las palabras de nuestra Madre Fundadora: “Adelante, siempre adelante, Dios proveerá”, porque la huella Concepcionista, perdurará siempre
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