El 29 de julio 31 jóvenes concepcionistas se ponían rumbo a Roma para encontrarse con el Papa y celebrar el Jubileo. Por delante tenían más de 27 horas de autobús, que irremediablemente les ayudaron para ir poniendo cuerpo y mente de peregrino.
Fueron días de mucho madrugar, pero como repetían continuamente: "a quien madruga, Dios le ayuda". Y así fue. Tuvieron hasta el privilegio de rezar ante la tumba del Papa Francisco sin cola, coincidiendo con una religiosa amiga suya, que con el pequeño gesto de rezar ante su tumba les enseñó que la amistad verdadera es para siempre.
Disfrutaron de dos grandes encuentros: el de españoles en la plaza de San Pedro, único en la historia; y el de todos los jóvenes del mundo en Tor Vergata. Y en ambos pudieron comprobar que la Iglesia es FAMILIA. " El Señor nos reúne para hacer comunidad", nos dijo el Papa León XIV. Y así ha sido desde el primer momento, ha sido un regalo ver cómo los mayores han estado pendientes de los más jóvenes, siempre atentos de aquel que se encontrase más débil o apagado, siempre había alguien ahí.
"La amistad puede cambiar verdaderamente el mundo", y después de estos días podemos decir que hay esperanza en los jóvenes, que hay jóvenes llenos de ganas de darse a los demás, que son "semillas de esperanza".
















